¿Comes tan sano como crees? ¡Haz la prueba!

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No sé por qué siempre he entendido el otoño como una estación de resurgimiento. Igual que las hojas de los árboles se caen para a continuación volver a crecer acaso más fuertes, a mí me da por pensar y plantearme cosas, recapacitar y redirigir los aspectos de mi vida para ir hacia donde quiero ir.

Es algo así como si se tratara de los típicos propósitos de año nuevo pero en septiembre. Supongo que la luz tenue del otoño, los días cortos y el hecho de replegarme más tiempo en casa, me invita a mirar hacia dentro y replantearme los aspectos que quiero cambiar.

Uno de esos aspectos es la alimentación, un tema recurrente en mi vida porque, aunque me esfuerzo en comer sano, no acabo de encontrar mi sitio entre tanta (des)información ni acabo de encontrar el equilibrio entre lo que mi cabeza quiere y los impulsos que siento.

Aunque me esfuerzo en comer sano, no acabo de encontrar mi sitio entre tanta (des)información ni acabo de encontrar el equilibrio entre lo que mi cabeza quiere y los impulsos que siento.

Pues en esos planteamientos estaba cuando decidí que antes de tomar ninguna decisión era hora de comenzar a conocerme a mí misma. Si hace cosa de un mes alguien me hubiera preguntado “¿comes sano?” , yo hubiera respondido que sí sin pensarlo y en este punto me planteé, ¿como de verdad tan sano? Porque aunque a priori pienso que sí y es cierto que mi nevera está llena de verduras al igual que mi despensa lo está de quinoa, mijo y pastas integrales, tengo la sensación constante de culpabilidad y quizás era esa creencia asumida de que comía sano lo que me había hecho estancarme.

Quería saber si esa sensación de culpabilidad era fruto de una paranoia, de una insatisfacción permanente (porque evidentemente siempre se puede ser más perfecto) o si, por el contrario estaba bien fundamentada.

Para saberlo, empecé a apuntar en mi agenda todo lo que comía a lo largo del día. Tanto en las comidas principales como los picoteos entre horas. Además de eso, he ido subrayando en el listado los alimentos que no me parecen sanos para que de un vistazo se pueda ver si abuso de ellos.

Pues bien, os puedo decir que mi sensación de culpabilidad tiene su fundamento. Si me hubieran preguntado antes de hacer este experimento si abusaba de alimentos con muchas calorías o si picaba mucho entre comidas, hubiera dicho que no, pero lo cierto es que leyendo el diario de comidas, salta a la vista que los caprichos que yo pensaba que tomaba de uvas a peras los he convertido, sin darme cuenta, en parte de mi dieta. No es que lo coma a diario pero sí varias veces por semana.

Empecé a apuntar en mi agenda todo lo que comía a lo largo del día y me di cuenta de que no comía tan sano como pensaba.

Os invito a hacer este ejercicio para conoceros mejor a vosotras mismas y ver si estáis en el camino adecuado o bien es hora de replantearse cambiar los hábitos. Porque si tenemos la sensación de que comemos bien y nunca ponemos en duda esa creencia, nunca seremos conscientes realmente de lo que hay que cambiar y viviremos continuamente en un estado de culpabilidad e insatisfacción.

 

¿Qué es comer sano?

Me temo que no hay una respuesta para ello. Cada una tiene su propio concepto y es importante conocerlo para que esa sea la meta a alcanzar y la vara desde la cual medir nuestra dieta. Quizás alguien que lea mi diario de comidas le puede parece que mi alimentación es saludable porque no como, por ejemplo, fast food. Sin embargo, para alguien que ha decidido comer sin gluten porque ha visto que eso le beneficia verá mis comidas como una aberración.

Para mí leer libros sobre alimentación y seguir otros blogs de comida sana ha sido fundamental para tener mi idea personal e intransferible de lo que es comer sano. Para mí se trata de tener una dieta donde predominen las verduras, las frutas, las legumbres y los cereales integrales, que sea casera y ligera.

Pero igual de importante es definir lo que no es sano, porque es ahí donde muchas personas (yo entre ellas) pecamos. Es decir, por supuesto que como alimentos sanos (hago polvo las ensaladas y ahora que llega el frío también como mucho puré de verduras) pero en mi dieta también hay presencia de los alimentos que considero poco saludables: frutos secos en demasie para matar el gusanillo entre comidas, abuso del pan, las harinas blancas… El chocolate merece mención aparte porque me he dado cuenta de que cada día necesito mi puntito dulce y para satisfacer esa necesidad (o, mejor dicho, adicción) me vale un trocito de chocolate puro al 80% o las galletas Príncipe.

Es importante, primero llegar a una conclusión de lo que es sano para nosotras y luego conocernos a nosotras mismas. Escribiendo lo que comemos tendremos un panorama real desde el cual determinaremos si el concepto de nuestra propia alimentación es correcto o erróneo y de ahí, ya tenemos la información para poner remedio a lo que no nos gusta.

Si te decides por hacer este experimento y quieres compartir con Estación Wellness tus conclusiones, no dudes en dejarnos un comentario. 
 

No olvides compartir esta información con tus contactos.
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