Día Mundial de la Alimentación, cuando comer es un lujo o un capricho.

“Cerca de 800 millones de personas que viven en países en desarrollo no tienen alimentos suficientes y otros 34 millones de personas que viven en países industrializados sufren continuamente la falta de alimentos necesarios para sobrevivir. Esta situación contrasta con el aumento en otros países de problemas de salud producidos por una alimentación excesiva e inadecuada, como la obesidad, la hipercolesterolemia, las caries o la diabetes tipo II”. (Datos de la FAO y de la OMS).
 

El mundo está lleno de contradicciones, pero esta es, quizás, una de las más dolorosas. Que mientras una parte del mundo no puede hacer ni tres comidas al día, en la otra parte, se tiran toneladas de alimento cada minuto. En el mundo se produce suficiente comida como para alimentar a los más de 7.000 millones de personas que lo habitan. Sin embargo, el reparto justo y equitativo de los alimentos nunca es una cuestión prioritaria para la comunidad internacional.

Siempre hay cosas más importantes en las que intervenir, como (intentar) resolver conflictos bélicos a base de recrudecerlos, establecer mecanismos para hacer a los países paguen deudas injustamente contraídas, internacionalizar empresas nacionales o hacer que algunos países realicen ajustes estructurales en sus economías, aunque sea en contra de su propio beneficio.

En la otra parte del mundo, en el norte, la situación tampoco es alentadora. Aquí no morimos de hambre, pero sí de enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad, etc. como resultado de dietas hipercalóricas con alimentos excesivamente procesados que son anti-saludables, porque no sólo no nos aportan nutrientes sino que nos restan energía.

¿Nos os habéis parado a pensar nunca lo caro que es comer sano? Sale más barato comer a base de precocinados, envasados, latas, congelados, etc. que de alimentos frescos de temporada. Hace unos días leía este artículo cuyo titular llamó mi atención: “La comida sana cuesta tres veces más que la comida basura” y una comparación rápida en el supermercado lo confirma.

Esto sin mencionar lo caro que es comprar productos ecológicos. Por poner algunos ejemplos: 2 euros media docena de huevos, 6 euros una bolsita de medio kilo de quinoa, 3 euros el pan de molde, 6 euros el café, etc.

Aunque también es una cuestión de prioridades, con los sueldos que hay hoy en día, aún queriendo, la gran mayoría de familias no puede asumir económicamente este tipo de alimentación.

Por eso, hoy que es el Día Mundial de la Alimentación, me planteo lo mal que lo estamos haciendo para que a 800 millones de personas comer a diario sea un lujo, mientras que para el resto comer sano sea un capricho.
 

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