¿Cuánto dura el posparto? ¿Es posible la recuperación absoluta?

 

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La primera pregunta- ¿cuánto dura el posparto?- suele preocupar a las mujeres embarazadas o que acaban de dar a luz. Mientras que la segunda pregunta -¿es posible la recuperación absoluta?- comienza a hacer mella en las mujeres que, como yo, ya hace meses que hemos tenido un bebé y seguimos notando el impacto del embarazo y el parto en nuestro cuerpo.

Para ninguna de las dos preguntas tengo una respuesta clara.

Según los ginecólogos, el posparto o puerperio dura exactamente 40 días. En la revisión después de la cuarentena, mirarán que el útero haya vuelto al tamaño anterior al embarazo, se asegurarán de que tu cicatriz, tanto de cesárea o episiotomía, haya comenzado a cerrarse correctamente y, si no hay complicaciones extraordinarias, te darán el alta sin más hasta el próximo año.

Para las revistas de moda, los programas del corazón y parte de la sociedad, tu recuperación tras el parto se puede dar por zanjada cuando eres capaz de ponerte los pantalones que usabas antes de estar embarazada. ¿Has recuperado tu talla? Entonces ya ha pasado el periodo posparto.

¡Ja!

Nada más lejos de la realidad. Marc está a punto de cumplir el primer año de vida y ahora es cuando comienzo a ver la luz tras el túnel. Es verdad que todos estos meses no han sido ni de lejos tan duros como lo fue la cuarentena, pero tampoco me parece bien hacer creer a las futuras mamás que las secuelas de un embarazo y parto se extienden solo el primer mes y medio, o que volver a tu talla es la meta que debemos perseguir. Y es que una cosa es la talla o el peso, otra son las cuestiones médicas-ginecológicas, y otra muy diferente recuperarse totalmente del impacto que conlleva tener un bebé.

El cuerpo de la mujer se transforma completamente para acoger a la nueva personita. Durante el embarazo, los órganos se mueven, los músculos de la pared abdominal se abren y los tejidos ceden. Es un proceso increíble que dura 9 meses, por lo que es IMPOSIBLE (y remarco lo de imposible) que todo ello revierta en menos de nueve meses. Ni siquiera para las famosas que salen en bikini perfectas tras pocas semanas de haber dado a luz. Habrán recuperado su figura estupendamente (¡bien por ellas¡) pero, como digo, hay secuelas internas que, aunque no se ven, están.

Una de ellas es la dichosa diástasis. Esta es la palabra técnica para referirse a la separación de los rectos abdominales. Según el blog En Suelo Firme, especializado en fisioterapia para el suelo pélvico, aproximadamente un 66% de las embarazadas tiene diástasis en el tercer trimestre de embarazo, coincidiendo con el momento de mayor crecimiento del bebé dentro del útero materno.

Si bien la separación de los músculos del abdomen se produce en pocas semanas o meses, cerrarlos es otro cantar. Es algo así como quitarse kilos de encima, se cogen rápido pero bajar de peso es mucho más difícil.

Después de casi 6 meses haciendo hipopresivos (los abdominales que puso de moda Pilar Rubio gracias a su intervención en el programa El Hormiguero) ahora es cuando ya noto que todo el trabajo está dando sus frutos. En enero, cuando comencé las clases, casi podia introducir un par de dedos entre los rectos abdominales y ahora están prácticamente cerrados, a falta de la zona del ombligo.


Los abdominales hipopresivos, por mi experiencia, funcionan, pero no es un método milagroso, en el sentido de que es necesario ser constantes y darle tiempo al cuerpo a que vaya volviendo a su posición anterior. De todas formas, tampoco sé si es posible la recuperación absoluta.

Y aquí es donde llego a la segunda pregunta. ¿Es posible que el cuerpo de la mujer quede igual que antes de parir?

Pues sinceramente creo que no. Para comenzar, la mayoría de nosotras va a convivir con una cicatriz para el resto de su vida, ya sea por motivo de la cesárea, la episiotomía o desgarro. Ello conlleva ciertas molestas o cuidados que pueden extenderse de por vida aun tratándola bien. No quiere decir que haya un sufrimiento continuo, pero simplemente, esas cicatrices no desaparecen.

Y para continuar, nunca será lo mismo un cuerpo que no ha pasado por el impacto del embarazo o del parto que otro que sí lo ha he hecho. Por no decir las mujeres que tienen varios hijos. Por mucho que nuestro cuerpo esté preparado y hecho para ello, volver al estado inicial es casi imposible. Y que decir tiene que la recuperación de la figura es una imposición social, no una necesidad fisiológica, ya que podemos estar sanas y saludables con una talla más, con el vientre flácido o con estrías.

Sin embargo, otras secuelas como la diástasis, la debilitación del suelo pélvico, los escapes de orina, los cambios hormonales que pueden acarrear problemas con las tiroides, la aparición de hemorroides, la retención de líquidos, etc. si es necesario tratarlo, porque provocan una gran pérdida en la calidad de vida.

De todas formas, la recuperación va a depender de varios factores:

  • El punto de partida: es decir, el estado de los músculos y los tejidos antes del primer embarazo. Cuanto más en forma, en teoría, más posibilidades hay de recuperarse. 
  • La edad: no es lo mismo ser madre a los 25 que a los 35 años. La piel va perdiendo colágeno con la edad y es más difícil volver a tener una piel tersa en el abdomen. A nivel muscular tampoco es lo mismo, ya que los músculos se van atrofiando y perdiendo fuerza.
  • La lactancia materna: aunque dar el pecho ayuda a que el útero involucione y vuelva a su tamaño ‘normal’, también es cierto que te obliga al sedentarismo, sobre todo en los primeros meses de vida del bebé. A las constantes tomas que requiere un recién nacido hay que sumar la duración de las mismas. El resultado es horas y horas de cama y sofá. En cambio, si optas por el biberón, cualquier persona puede alimentarlo por ti y tú quedas libre para iniciar el ejercicio y deporte.
  • El deporte de impacto. Hay muchas madres que, obsesionadas por recuperar su peso, no solo comienzan demasiado pronto a hacer deporte, sino además, apuestan por ejercicio de impacto que, si bien les ayuda a queman muchas calorías, les perjudica gravemente. Es el ejemplo de correr, saltar, hacer abdominales tradicionales, etc. todo ello hará que la diástasis se agrave y el suelo pélvico se debilite aún más. Lo ideal es ponerse en manos de un profesional que valore nuestro estado físico y nos guíe sobre el tiempo de reposo y la incorporación paulatina de ejercicios de bajo impacto.
  • El sedentarismo. También ocurre lo contrario, madres a las que les cuesta incorporar la actividad física en su rutina diaria. La falta de tiempo con la llegada del bebé es el motivo principal, pero hay que buscar tiempo, unos minutos al día, para hacer ejercicio. Seguro que el padre, los abuelos o algún familiar estarán encantados de quedarse con el bebé mientras tú tienes algo de tiempo para cuidarte.
  • Estar informada. Sí, estar informada es fundamental para garantizar la recuperación posparto. Muchas mamás recientes creen que las secuelas que experimentan son normales. Creen por ejemplo, que el escape de orina cuando estornudas o toses es normal tras dar a luz, o que no tener fuerza en el abdomen es lógico después de un embarazo. Asumen y se resignan a vivir con estas secuelas. Sin embargo, si supieran que todo ello se puede trabajar y mejorar  poniéndose en manos de profesionales, seguro que su recuperación sería mucho mejor. Como se suele decir, la información es poder.

 

Dos consejos finales:

 

NO TE COMPARES CON NADIE

No te compares con nadie. Ni con la vecina del quinto ni con la famosa de turno. Cada cuerpo es un mundo, cada embarazo una historia diferente y la recuperación es personal e intransferible.

Sobre todo, no te compares con la famosa de turno que cuelga su foto en Instagram perfecta y esbelta dos semanas después de dar a luz. Hay mujeres que tienen esa facilidad, por genética, porque se lo han currado antes y después del embarazo o porque se han sometido a tratamientos de belleza e incluso cirugías. Alégrate por ellas, pero no las tomes como ejemplo a seguir. Ellas no son ejemplo de nada. No se muestran para decirte a ti cómo deberías de haberte recuperado, simplemente es un acto de vanidad y autocomplacencia, un juego al que todas jugamos en las redes sociales en mayor o menor grado.

No son mejor ni peor que tú y, por supuesto, no son ni más ni menos felices por ello. 

 

 

 

NO SOBREESTIMES TU CUERPO DE ANTES

¿Os habéis fijado que todas las abuelas cuentan que cuando se casaron tenían la talla 36 y pesaban 50 kilos? Lo que quiero decir con esto es que solemos pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor… de lo que realmente fue.

Yo lo confieso, en estos 11 meses de posparto a veces he mirado mi barriga y he deseado que estuviera tersa y musculosa, como si antes del embarazo hubiera sido una top model. Nunca he tenido el vientre plano del todo y menos aún, musculado. Estas autoexigencias impuestas que además no se corresponden con la realidad, realmente no nos hacen bien a nivel psicológico.

Hay que tener una visión más realista de como éramos y lo que podemos esperar de nuestra recuperación teniendo en cuenta factores como la edad, el tiempo que le queremos/podemos dedicar, etc.

 

 

Pues sí, el embarazo y el parto marcan un antes y un después en el cuerpo de la mujer. Con meses (incluso años) y mucho esfuerzo se pueden revertir las secuelas de estos procesos, sin embargo, es muy difícil que el cuerpo quede tal cual estaba antes.

Siempre quedará alguna marca, alguna flacidez, alguna distensión que nos recordará que dentro de nosotras se produjo el gran milagro de la vida.

 

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