Soy meteorosensible, estoy como el tiempo.

Estoy como el tiempo

“Estoy como el tiempo” es una frase que hemos escuchado muchas veces e incluso hemos pronunciado a menudo. Sin embargo, somos poco conscientes de cómo el tiempo y las condiciones atmosféricas realmente afectan a nuestro carácter y estado de ánimo. Hoy que aquí en Granada es un día de otoño gris, lluvioso y frío en el que me he levantado triste, nostálgica y con las energías bajas he decidido ponerme a investigar un poco sobre este tema. 

Parece ser que uno de los factores que más incidencia tiene en nuestro estado de ánimo es la luz, ya que ésta regula nuestro organismo y es la encargada de poner en marcha mecanismos relacionados con nuestro estado de ánimo o la capacidad de atención. El sol es sinónimo de energía y vitalidad, por lo tanto, la ausencia del mismo nos sume en un estado de letargo que puede durar desde algunas horas hasta algunos días.

En este artículo dicen que “a partir de octubre o noviembre las personas meteorosensibles están más letárgicas, comen más, se sienten más espesos de la cabeza”, pero tranquilos que aseguran que “no es una depresión triste, sino letárgica”

metereosensibleEn cuanto a las temperaturas, el cuerpo necesita su periodo de adaptación y más en el caso de algunas regiones españolas que pasan del calor al frío en apenas unas semanas. Al menos este año, en cuestión de dos o tres semanas ha habido una bajada de 15 grados. Por ello, en esos momentos muchas personas sentimos un desajuste, como si el cambio hubiera sido tan brusco que nuestro cuerpo no lo ha podido asimilar.

En mi caso, siento que tengo mucho frío y estoy destemplada, vistiéndome casi como si fuera invierno, aunque aún estemos en noviembre. Poco a poco mi cuerpo se irá aclimatado a las nuevas temperaturas, y me iré desprendiendo de capas de ropa, pero hasta que esto pase seguiré con mis jerseys, guantes y gorro.

Por el contrario, cuando pasamos del frío al calor, la reacción natural de nuestro cuerpo es aumentar la agresividad, estar más irritables e insoportables en general. Me he fijado muchas veces que cuando entra la primavera la gente conduce de una forma más agresiva, hay más volantazos, más pitidos, más insultos,… supongo que bajo un sol abrasador la sangre bulle y tenemos menos paciencia en general

Según la revista Quo el ser humano busca un confort climático caracterizado por parámetros de temperatura (20-25ºC), humedad (40-70%), velocidad del aire (0,15-0,25 m/s) y presión (1.013,2 mb), baja contaminación y predominio de iones negativos en la atmósfera. De manera que todo lo que suponga estar fuera de estos parámetros nos proporciona cierto trastorno físico y mental (aunque también dependerá de dónde vivamos y la capacidad de adaptación de nuestro cuerpo).

Además de afectarnos en nuestro estado de ánimo, los cambios bruscos de temperatura también inciden en nuestra salud física, disparando el riesgo de “accidentes cardiovasculares y cerebrales, crisis asmáticas, melanomas, alergias, cólicos renales y trastornos anímicos, entre otros”, según Quo.

 

El viento nos vuelve locos.

Aparte de las temperaturas, otros factores que nos afectan son la presión atmosférica y el viento.

El viento merece un apartado especial. Quien haya estado en Tarifa seguro que conoce lo temido que es el viento de Levante por esos lugares. Los lugareños le tienen auténtico temor porque cuando sopla, lo hace con fuerza y tiene fama de volver loca a la gente. Igual pasa en otras ciudades que están en zonas abiertas donde son más vulnerables a los caprichos del dios Eolo.

En un interesante artículo de El Correo de Vizcaya se dice:

Basta con que se levante el viento sur y se instale unos días entre nosotros para que la realidad se vuelva tensa y un tanto desquiciada. Fíjense en las discusiones de tráfico, en la escasa paz social de las colas de las tiendas, en la clase de desvaríos que se ven de noche por los bares. No deja de ser curioso que la civilización en términos generales dependa tanto del barómetro.

Aunque no parece haber ninguna evidencia científica que constate los efectos del viento en la psique humana, algunos países contemplan el viento fuerte como atenuante en caso de delito, así que algo de cierto habrá para que se le dé tanta importancia en un juicio.

 

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